«Con Carmena, Madrid no se ha caído y las fuentes y semáforos siguen funcionando. Dejemos a los gobernantes que gobiernen»

padre Angel

Es difícil encontrarle desocupado. Raro es el día en el que no tiene que responder a una entrevista o que está de actualidad por algún motivo relacionado con su actividad. Raro también es no encontrarle sonriendo y respondiendo con amabilidad a cada una de esas peticiones. Así es el Padre Ángel. Este sacerdote asturiano, de casi ochenta años, lleva más de medio siglo al frente de la asociación Mensajeros de la Paz, de la que es fundador y presidente. Desde hace unos meses, se encarga de la parroquia de San Antón, en pleno barrio de Chueca y abierta las veinticuatro horas del día, que permanecía cerrada hasta que su fundación decidió rehabilitarla hace ahora un año. En este lugar, donde a diario se da cobijo y comida a feligreses y a personas sin hogar o en riesgo de exclusión social, me encuentro con él para charlar de diversos asuntos.

El Padre Ángel tiene fama de buena persona, aunque a veces resulte incómodo para la curia. Carismático, no se casa con nadie, y esto incluye a cualquier partido político o gobernante. Rechaza de pleno el sectarismo y es de los que piensa que la solidaridad no es patrimonio de ningún partido o institución. Él solo entiende de justicia y equidad social, y piensa seguir luchando por ayudar a los más desfavorecidos mientras el cuerpo aguante.

Aashta Martínez: Con doce años decidió que quería ser cura. ¿Cómo le sentó a su familia la ‘noticia’?

Padre Ángel: En mi familia había ya un cura, que era un tío mío. Era un religioso muy bueno, pero mi madre era lo que se llamaba entonces comunista. Ella, aunque era de otras ideas religiosas, vio que yo estaba ilusionado con el cura de mi pueblo, don Dimas, que daba bocadillos y dinero a los que se quedaban viudos. A los niños, cuando somos pequeños, nos preguntan qué queremos ser de mayores, si futbolistas o médicos, y yo dije que cura como el de mi pueblo, sin saber lo que significaba ser cura. Y no me arrepiento de ello, no.

A.M.: Se salió con la suya y acabó estudiando en el seminario de Oviedo, donde se ordenó sacerdote. ¿Cómo recuerda aquello?

P.A.: Pues como son las bodas, ¿no? [risas]. Siempre a los curas la ordenación nos ilusiona mucho. Es un paso, un antes y un después. Como cuando uno, imagino, se casa, o no se casa. Yo creo que también como cuando uno se divorcia o no se divorcia. Fuera de bromas, la ordenación de curas, con 24 años, soñando y queriendo comerte el mundo, era una cosa preciosa.

A.M.: Y no pasa ni un año de eso cuando, en 1962, funda en Oviedo, junto al padre Ángel Silva, la asociación Cruz de los Ángeles, donde acogían en hogares a niños abandonados.

P.A.: Sí, habíamos conocido unos hospicios, que eran unos internados de trescientos o cuatrocientos niños, que parecía aquello más una granja de animales que una granja de niños. Y pensamos: ¿por qué no hacemos hogares familiares de siete u ocho hermanos? Y así comenzamos.

A.M.: Eso fue poco antes de crear, ya a nivel nacional, Mensajeros de la Paz. ¿Le costó mucho poner en marcha ese proyecto?

P.A.: No. Cuando uno es joven y se ilusiona… Nos comíamos el mundo y nos lo seguimos comiendo todavía ahora. La juventud, el soñar, el arranque, te da pie para todo. Incluso para hacer cosas que a veces no se deberían hacer.

A.M.: Siendo un cura joven recibió como uno de sus primeros destinos la capellanía del orfanato de Oviedo, que aunque hoy es el glamuroso Hotel de La Reconquista, en aquella época era un lugar frío y húmedo. ¿Cómo vivían aquellos niños?

P.A.: Pues tal y como lo describes… Había como 500 niños. Los niños estaban en un lugar, las niñas en un sitio distinto. Era desolador, visto con la mirada de ahora. Pero tampoco podemos juzgar ahora cómo eran las cosas en aquellos años.

A.M.: Pero en esa época los niños huérfanos eran seres estigmatizados…

P.A.: Eran seres estigmatizados, e incluso no tenían ni apellido. Se les ponía el apellido Iglesias.

A.M.: Mensajeros de la Paz empezó dedicándose a los niños pero poco a poco fue ampliando su actividad hacia otros sectores sociales también desprotegidos, ¿no es así?

P.A.: Así es. Empezamos con los niños con sida, después con los jóvenes que se drogaban y luego ya con ancianos, mujeres maltratadas y discapacitados. Y últimamente hemos ido también a países donde ha habido terribles terremotos. Ahora mismo MDLP está ya en 54 países.

A.M.: ¿Alguna historia que le haya estremecido especialmente en todos estos años?

P.A.: Han sido tantas… Desde que se me muera un niño en los brazos, hasta que una niña de siete años te diga que nunca nadie le había dado un beso hasta ese día. O un niño de El Salvador, Josué, que prácticamente estaba luchando entre la vida y la muerte, que estaba quemado completamente y que gracias a una intervención del papa Francisco y a la actuación del Doctor Cavadas, fuimos capaces de hacer que volviera a la vida.

A.M.: De niño en la posguerra conoció los comedores sociales y con los años usted mismo abrió muchos de ellos. Ahora que en España se vuelve a pasar hambre, ¿cómo se lo explica?

P.A.: Yo creo que no se puede culpar como siempre se hace, que la culpa es de Zapatero. Parecía que todas las desgracias que había eran culpa suya. Han sido miles de circunstancias. No ha sido una situación de pobreza en España, ha sido en Europa y a nivel mundial. Pero sí ha venido la pobreza. Y es que uno nunca pensaba que tendría que abrir estos comedores. Y en honor a la verdad hay que seguir ilusionando a la gente, animando y dando esperanza de que de esto hay que salir, y estamos saliendo. Pero tan lentamente, y algunos que no han salido, que para ellos no valen las explicaciones de que estamos saliendo. Algunos no tienen todavía qué comer o dónde dormir.

A.M.: Hablando de Zapatero, ¿quién le ha visitado a usted más, él o Rajoy?

P.A.: Tengo que decir, en honor a la verdad, que los dos. Y no es por ser políticamente correcto. No me he encontrado a un solo político que me haya dicho que no a nada. He encontrado más reticencias en otros sectores, quizás en los míos, que en los políticos.

A.M.: ¿No ve mucho márketing en el Papa?

P.A.: El Papa no usa márketing. Yo le conocía antes de que fuese Papa. El Papa es un hombre con los pies en la tierra. Lo que sí es, es católico, cree en Dios y en la Iglesia, y cree en la normas de la Iglesia, por lo que no va a estar en contra ni a tirar piedras contra su tejado. Pero él lo que dice lo siente. Y lo siente cuando dice que quién es él para juzgar a los demás, como cree en el aborto o el matrimonio canónico, que para él es de lo mejor que puede existir, pero no es lo único. Eso lo dice bien claro. Ni su iglesia es la única y verdadera, como era antes. Hay otras iglesias tan verdaderas como la nuestra.

A.M.: ¿Por qué cree usted que está la Iglesia tan obsesionada con los gays?

P.A.: Yo creo que ya, gracias a Dios, se va pasando tanta obsesión. Pocas veces ha hablado el Papa de sexo.

A.M.: ¿Se puede salir de la crisis con políticas de austeridad y fomento de la precariedad y desigualdad social como las que tenemos?

P.A.: Pienso que tenemos que salir de la crisis que tenemos arrimando el hombro todos. Cuando llegan las horas de las elecciones, no soy capaz de saber a quién votar, porque todos ponen los mejores programas. Todos quieren subir el salario, acabar con la pobreza, acabar con los desahucios… Por eso, yo casi estoy de acuerdo con lo que propone Pablo Iglesias, con que se busquen independientes para que gobiernen España, y los otros cuatro a trabajar. Lo hemos hecho con los defensores, escogiendo a un Defensor del Pueblo entre todos los partidos políticos. ¿Por qué no podríamos entre todos los partidos escoger también a un presidente del gobierno? Y que no vaya a La Moncloa, que vaya al Paseo de la Castellana a trabajar.

A.M.: ¿Le gusta Carmena?

P.A.: Yo tengo un defecto político y es que voto a mis amigos. No voto por ideas, y eso no está bien. Primero, para mí Manuela ya era amiga antes de ser alcaldesa. Creo que tiene aciertos y desaciertos, como los tendríamos todos en un puesto como ese. Pero hay que dejarla, aún lleva pocos meses y, desde luego, Madrid no se ha caído, las fuentes siguen funcionando y los semáforos también. Dejemos a los gobernantes que gobiernen.

A.M.: ¿Le siguen dando pudor los reconocimientos y homenajes?

P.A.: Sí, sin duda alguna. Cuando uno tiene la edad que tengo yo pueden ser de mucho, pero somos un reflejo de la sociedad, por lo que no es un reconocimiento a una sola persona.

A.M.: Además de su clásica corbata roja y de su estampa de la Virgen de Covadonga, ¿qué otras manías tiene?

P.A.: Yo creo que sí. La manía que tengo es tener siempre en las manos algo, y sobre todo suelo tener siempre un llavero de la Virgen para estar siempre con él [comenta mientras juguetea con el llavero que menciona].

 

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